Registros Akáshicos (I)

Existe una expresión muy conocida con la que quisiera iniciar este artículo: “A las palabras se las lleva el viento”, pertenece a la voz popular y ésta normalmente habla con voz sabia. En este caso concreto, no obstante, la vox populi se equivoca. A las palabras no se las lleva el viento, de hecho tampoco se borran con el tiempo ni se pierden una vez pronunciadas; no solo todo lo que dijimos, sino también todo lo que pensamos, lo que sentimos e hicimos queda registrado, y de cada palabra pronunciada, de cada pensamiento, acto y sentimiento que una vez nos perteneció y salió de nuestro ser, somos responsables.

Pero si todo queda registrado, ¿dónde se guarda?, ¿cómo se almacenan semejantes registros?, ¿es posible que exista un “lugar” capaz de albergar la memoria de lo que somos? La respuesta es “sí”, todo queda “grabado” en la memoria más amplia y completa que jamás hemos imaginado, un compendio de todo lo que somos y que llamamos los Registros Akáshicos.

El Libro de la Vida

La palabra “Akasha” procede del sánscrito y viene a nombrar a la sustancia energética de la que mana toda vida, es el éter, el cielo, el espacio, ese fluido impalpable y sutil que los antiguos hindúes suponían penetraba todo el Universo. De esta materia están hechos los Registros Akáshicos, una memoria universal que contiene todo el conocimiento pasado, presente y opciones de futuro; en estos registros está contenida cada experiencia, impresión, idea o pensamiento de cada alma en cada mundo, en cada una de sus encarnaciones y en cada momento de éstas, además de todas las posibilidades de desarrollo de todas y cada una de las almas existentes.

Los Registros Akáshicos han recibido distintos nombres según diferentes culturas, como “Libro de la Vida” o “Libro del Alma”, pero todas han coincidido en una memoria universal donde palabras y pensamientos, acciones, emociones y sentimientos quedaban registrados para siempre. Desde que Annie Bésant, ocultista británica, mencionara por primera vez el concepto de “Registros Akáshicos” en su obra “The ancient wisdom”, distintos autores, ocultistas, teósofos, psíquicos y filósofos, han escrito acerca de esta memoria cósmica. Algunos de los más conocidos son Charles W. Leadbeater, teósofo británico; el psíquico estadounidense Edgar Cayce; el danés Max Heindel, fundador de la Sociedad Rosacruz; la escritora inglesa Alice Bailey; Dion Fortune, ocultista británica, o el escritor esoterista colombiano Samael Aun Weor, también fundador del movimiento neognóstico.

Rudolf Steiner, padre de la Antroposofía, en varios de sus libros y conferencias hace mención a los registros como “Crónica del Akasha”, y apunta que no se trata de un mero testimonio muerto de la Historia de la Humanidad, como si de una crónica escrita y catalogada en una biblioteca se tratara, sino que es algo vivo; al consultar los registros, los sucesos almacenados en cierto modo se desarrollan ante los ojos del que los consulta.

Consulta de los Registros Akáshicos

En el pasado tan solo las almas altamente evolucionadas eran capaces de consultar los registros y obtener información de ellos, pero actualmente el acceso que antes nos estaba vedado es posible para cualquiera de nosotros, para cualquier persona sinceramente interesada en esta memoria universal. El motivo es el momento tan especial que vivimos, un tiempo en el que finaliza una época y comienza otra, caracterizada por una mayor conciencia; debido al salto evolutivo que ya hemos empezado a experimentar, la expansión de la conciencia nos permite una percepción del tiempo cada vez menos lineal, más multidimensional y por tanto más conectada con la frecuencia de los registros.

Para consultar la Crónica Akáshica debemos alinear nuestras vibraciones energéticas con los registros, desprendernos de conjeturas intelectuales y apelar a nuestros Guías y Maestros, ya que con su ayuda accederemos a la información que buscamos; ellos nos ayudarán a canalizar la energía que llegará hasta nosotros en forma de palabras, imágenes, metáforas o un sentimiento, una certeza, una revelación o incluso un mensaje de nuestros ancestros… es la forma en que la respuesta que solicitamos llega hasta nosotros. Esta respuesta nunca va más allá de nuestras posibilidades, y su grado de profundidad va marcado por la pregunta, es decir, el propio consultante de los registros es quien determina la calidad de la información que obtendrá.

Pero para llegar a consultar los Registros Akáshicos no es suficiente con alinearnos vibracionalmente con ellos, necesitamos una “llave”, una clave que nos permita el acceso a los archivos; esa clave va con nosotros en cada una de nuestras encarnaciones y no es ni más ni menos que el nombre que elegimos cuando encarnamos. Al desprendernos de la Fuente (aunque nunca llegamos a separarnos del todo de Ésta) e ingresar en los planos de la materia, emitimos un tono; este tono es acorde con nuestro nombre completo y, ya que mientras estamos encarnados no tenemos conciencia de ese tono, usamos nuestro nombre junto con una oración para acceder a los registros.

Información obtenida

Existe la creencia de que el acceso a los Registros Akáshicos sirve para conocer nuestras vidas pasadas; esta creencia es cierta, pero solo parcialmente, ya que en los registros no solo podemos encontrar información acerca de nuestras vidas anteriores sino otros muchos datos que nos pueden ser de ayuda en la comprensión de quiénes somos y por tanto en nuestra evolución. Nuestra misión vital, lo que hemos venido a aprender y tenemos para ofrecer a la Humanidad, lo que nos impide crecer o bloquea nuestra evolución, los retos que se nos pueden presentar en la presente encarnación, lo que no conseguimos aprender en una vida anterior o las capacidades que sí logramos y no estamos aprovechando… Todo esto y mucho más podemos encontrar consultando nuestros registros, cualquier inquietud que seamos capaces de imaginar y que nos ayude a evolucionar espiritualmente puede obtener respuesta cuando consultamos la memoria cósmica.

Sin embargo los Registros Akáshicos no solo sirven para contestar a nuestras preguntas, el mero hecho de considerar su existencia nos da la medida de nuestra responsabilidad sobre nuestros actos y pensamientos, y por tanto nos hace más conscientes de todo cuanto hacemos y pensamos, más conscientes de lo que hacemos de nosotros mismos, nos ayuda a conocernos mejor por medio del desarrollo de una mayor conciencia, y también nos hace comprender que nada se pierde, que todo queda registrado en algún lugar donde podemos consultar y aprender de nuestros aciertos y errores, que todo es significativo y tiene importancia, todo cuanto decimos, todo cuanto pensamos y hacemos tiene su eco en el Universo.

______________________________________________________

Autores mencionados: 
Annie Bésant, “The ancient wisdom” (1898)
Charles Webster Leadbeater, “Man: How, Whence, and Whither?” (1910)
Edgar Cayce (1877-1945)
Max Heindel (1865-1919)
Alice Bailey (1880-1949)
Dion Fortune (1890-1946)
Samael Aun Weor (1917-1977)
Rudolf Steiner (1861-1925)