Interacciones aurales (I) El sistema de defensa

Interacciones aurales (I) El sistema de defensa

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En el cuarto nivel del campo aural, que es el nivel astral, es posible ver cómo nos relacionamos energéticamente con los demás; mientras que en el cuerpo emocional se encuentran los sentimientos y emociones que experimentamos hacia nosotros mismos, el cuerpo astral está formado por los sentimientos y emociones que experimentamos hacia los demás, por lo que en él se encuentra la energía de todas nuestras relaciones, y no solo con otras personas sino también con animales y plantas, la tierra, los astros e incluso los objetos cotidianos.

En este nivel vemos, con percepción ampliada, las distintas formas en que interactuamos con nuestros semejantes y con el entorno. Estas formas son fundamentalmente tres: la inducción de frecuencias, los flujos bioplasmáticos y los cordones de luz. Estas tres formas tienden a resultar confusas cuando se las contempla conjuntamente, por lo que dedicaré un artículo a cada una, en ellos veremos cómo se opera en cada uno de esos niveles de interacción de manera que podáis reconocer vuestro propio comportamiento energético y os contaré cómo podéis manejar cada tipo de intercambio energético en vuestras propias relaciones.

La forma en que nos relacionamos energéticamente guarda una estrecha relación con lo que se llama el sistema de defensa energética; mientras que las tres formas de interacción que mencioné anteriormente pueden darse de forma positiva o negativa, cuando se activa el sistema de defensa la interacción normalmente no es armónica ni saludable. En situación de estrés (para el cuerpo energético ese término puede abarcar muchos tipos distintos de situaciones y diferentes niveles, más de lo que mentalmente entendemos por “estrés”) nuestro cuerpo astral o cuarto nivel del aura reacciona según ese sistema de defensa, y esta reacción determina en gran medida nuestras interacciones aurales.

Ya que el sistema de defensa afecta de una u otra forma al resto de intercambios energéticos, dedicaremos este primer artículo de la serie a este tema, así que a continuación os lo explico con más detalle.

Sistemas de defensa

El sistema de defensa que usamos es pues nuestra reacción energética frente a una fuerza exterior que normalmente percibimos como amenaza en distintos niveles. Este sistema se desarrolla en los primeros años de vida según las interacciones que hemos experimentado principalmente con los padres. Existen formas activas y pasivas de defensa, las activas son ofensivas y las pasivas tienden a protegerse o permitir la “invasión”, pero en última instancia todos tienen el objetivo de defender nuestra energía a toda costa.

Una defensa punzante

Uno de los sistemas de defensa es el que llamamos (usando la terminología de Barbara Ann Brennan) “puercoespín”; cuando usamos esta defensa nuestra aura se vuelve espinosa, punzante, y a alguien con sensibilidad suficiente le puede parecer que esa aura realmente pincha. Podemos darnos cuenta de que alguien está usando esta defensa porque aparecen como personas susceptibles, “punzantes” que provocan en los demás distanciamiento.

La retirada

El sistema de “retirada” consiste en que una parte del aura de la persona abandona momentáneamente el cuerpo (en este caso durante segundos u horas, pero existe una variante en que esta ausencia puede durar días o incluso años); las personas que usan la retirada no gustan del contacto físico porque en realidad temen que los dañen, por lo que les cuesta conectar. Se los puede reconocer porque suelen poner los ojos en blanco.

Defensa de negación

La defensa de la “negativa verbal” es típica de personas con mucha energía en la zona de la cabeza y poca en la parte inferior del cuerpo, la visión ampliada revela una gran concentración de amarillo alrededor de la cabeza y bloqueos en la zona del cuello. Se les distingue por ser verbalmente muy activos.

Absorción de energía

Otro sistema de defensa es el llamado de “succión oral”, que consiste en absorber la energía de los demás; quienes usan esta defensa no pueden procesar bien la energía que existe a su alrededor y la toman de otras personas, por lo que la gente los evita ya que provocan cansancio en quienes se relacionan con ellos. Se les distingue por su agotadora verborrea, por revolotear constantemente entre las personas de su entorno y por mostrarse a menudo impotentes para conseguir que los demás cuiden de ellos (y así les entreguen energía).

Gancho y retención

Los “ganchos” son instrumentos energéticos que usan algunas personas en su sistema de defensa, lo lanzan por encima de su cabeza cuando se sienten amenazados y retienen a su interlocutor hasta conseguir que ceda; estos individuos luchan por demostrar que llevan la razón y en su contienda solo consiguen agresividad recíproca.

Tentáculos

Los “tentáculos” son usados como sistema de defensa para captar energía de los demás; la persona que usa este sistema permanece alejado del resto en actitud silenciosa, encerrado en sí mismo, hasta que los demás se acercan para ayudarle y es cuando lanza los tentáculos hacia el campo energético de quienes le hacen caso. Se les suele reconocer porque intentan hacer cómplices y, cuando hablan, efectúan largas pausas en sus discurso esperando a que alguien complete su frase.

Una defensa explosiva

El sistema de defensa “histérico” consiste en chocar contra las auras de las personas que están cerca por medio de rayos y explosiones energéticas. A las personas que usan esta defensa se les percibe en ese momento como furiosos, explosivos, caóticos, y provocan una estampida general ya que nadie desea estar cerca cuando explotan.

Los intocables

Otro sistema de defensa es el llamado “retención en los propios límites”, consiste en reforzar los propios límites aurales engrosándolos para que nadie pueda entrar en su aura, para mantenerse intocable. Este tipo de defensa se percibe como superioridad y provoca distancia en los demás, problemas para conectar.

Exhibición de fuerza

Por último se puede mencionar el sistema de “exhibición de fuerza”, según el cual la persona que lo usa explota hacia arriba y aclara su aura de manera que parece pujarse o aumentar de tamaño, consiguiendo una actitud de “aquí mando yo” que también provoca alejamiento y espanta a las personas cercanas.

Cómo manejar cada sistema de defensa

Cada tipo de defensa se asocia a cierto miedo ya que nos defendemos cuando nos sentimos atacados o en peligro y nos sentimos así cuando algo despierta nuestro temor. Por ello es importante tener presente que, cuando detectamos que una persona está usando un sistema de defensa que reconocemos, tengamos presente que no lo hace por causa nuestra sino para defenderse de lo que siente como una amenaza y nos preguntemos qué es lo que ha disparado el miedo de esa persona.

La defensa energética en otros

Para manejar sistemas de defensa como el del puercoespín y la retirada (en sus dos versiones), ambos basados en un miedo a sufrir daños, lo mejor es no acercarse mucho a ellos ni tocarles, sino ser cordial y hacerles ver que no les vamos a hacer daño, que están seguros hablando con nosotros. Elevar la frecuencia para interactuar con ellos es importante, ya que lo captarán y se sentirán más seguros, el puercoespín esconderá las púas y el de retirada se quedará en el cuerpo.

Las personas que usan la negativa verbal y la succión oral mantienen un patrón de carencia derivado de su miedo a no tener suficiente, esto les lleva a absorber energía cuando se sienten amenazados. Lo mejor es no colocarse directamente en frente de ellos para evitar que se conecten a nuestro chakra Plexo Solar para tomar energía, evitar el contacto visual directo y enviarles energía voluntariamente a través de nuestros palmochakras hacia su Plexo Solar.

Para aquellos que usan los ganchos como defensa todo es una batalla, están constantemente en lucha y no confían en nadie porque bajar la guardia implica ser traicionado. Para interactuar positivamente con ellos lo mejor es no discutir con ellos, evitar la confrontación y escucharles, que sientan que pueden confiar en nosotros, que no estamos ahí para luchar sino para colaborar. Esto también sirve para manejar la defensa histérica.

Por último, para tratar con personas que usan las defensas de retención dentro de los propios límites y la de exhibición de fuerza lo mejor es situarse cerca (no hay que tener miedo de que nos quiten energía ya que ellos mismos tienen demasiada y no lo harán) en una actitud de afectuosa aceptación. Su miedo se basa en la falta de autenticidad, por lo que podemos tratar de ver su esencia, su auténtico yo escondido cuando tratamos con ellos.

Manejar nuestro propio sistema de defensa

¿Y qué ocurre cuando nos damos cuenta de que esa persona que está usando los ganchos, o los tentáculos, o explotando o retirándose de su propio cuerpo somos nosotros mismos? Todos usamos una o más de las formas de defensa mencionadas, a veces incluso las combinamos, porque todos tenemos miedos que nos llevan a intentar protegernos.

La buena noticia es que no somos esclavos de nuestra reacción energética, no es algo que simplemente ocurra sin que podamos evitarlo. Aparte de trabajar sobre nuestros miedos, tenemos la capacidad de tomar conciencia de lo que estamos experimentando y manejarlo de la manera más provechosa para nosotros y para nuestra salud energética.

Si nos damos cuenta de que usamos las púas o nos escapamos del cuerpo, tengamos presente que estamos seguros, que nadie nos va a hacer daño. Nos vendrá bien concentrarnos en el momento presente y en estar en el cuerpo, presentes, sabiendo que existe una parte divina siempre dentro de nosotros que nos hace indestructibles.

Si usamos la negativa verbal o la succión oral, nos será especialmente útil enraizarnos, conectarnos con la energía de la tierra y saber que podemos abastecernos de esa energía, que no necesitamos extraerla de otras personas, pensar en términos de abundancia y tener en cuenta que tenemos y somos suficiente.

Si descubrimos que estamos usando el chancho para defendernos, debemos confiar y dejar de controlarlo todo, tener en cuenta que no todo tiene que ser una lucha constante y que no tenemos que demostrar nada.

Si detectamos que hemos estado usando los tentáculos nos vendrá bien recapacitar sobre nuestras capacidades, descubrir que podemos hacer las cosas solos, que podemos ser autosuficientes. Nos hará bien también tener en cuenta que no todo el mundo quiere controlarnos o invadirnos, que somos libres de vivir nuestra vida como más nos guste y que siempre podemos crear un espacio privado donde sentarnos con nosotros mismos y simplemente ser.

Si nuestra defensa consiste en retenernos dentro de nuestros propios límites o en exhibir un despliegue de fuerza, la mejor forma de lidiar con nuestro sistema de defensa energética es encontrar nuestra esencia, descubrir nuestra propia autenticidad, la que está debajo de la fachada que ofrecemos al mundo.

 

Vista la parte más “truculenta” de las interacciones energéticas, en el próximo artículo hablaremos de la inducción de frecuencias y de cómo el campo aural de unas personas es capaz de influir en el de otras, de qué depende esta influencia y cómo podemos fortalecer nuestro propio campo energético.

 

Nivel aural: las siete capas del aura (I)

Nivel aural: las siete capas del aura (I)

En los dos artículos anteriores os he hablado de los dos niveles más profundos en que existe el ser humano: el de la Estrella núcleo, que es la chispa divina, la esencia de lo que verdaderamente somos, y el de la Línea del Hara, que como os contaba contiene nuestro propósito en la vida y nos mantiene conectados con la divinidad y el Yo Superior así como con el núcleo terrestre y su energía.

En este artículo sobre los niveles del ser (que publicaré en dos partes) os hablaré del nivel que se encuentra entre lo físico y los dos anteriormente mencionados: el nivel aural.

El aura es una estructura que existe en un nivel más profundo que el físico y que sustenta a éste, esto significa que todo lo que existe en el mundo físico ha sido antes creado en el nivel aural. Así como el nivel del Hara contiene la misión vital y la intención, y la Estrella del núcleo contiene nuestra esencia, el aura contiene las energías de nuestra personalidad; todo cuanto notamos, sentimos, pensamos, cómo nos comportamos, nuestros patrones y forma de relacionarnos… todo está contenido en el nivel aural, y cada aspecto ocupa una región concreta del aura según su vibración. Veamos  en detalle cuáles son esas regiones.

Composición del aura

El aura está compuesta por siete capas, cada una de las cuales posee una frecuencia vibratoria distinta y por tanto se dedica a un tipo diferente de experiencia vital. Cada capa se asocia a uno de los siete chakras principales; todos estos centros se encuentran en todos los niveles del aura pero cada capa tiene una conexión especial con uno de los chakras ya que su frecuencia vibratoria es la misma.

De estas siete capas, las tres primeras son los niveles inferiores donde procesamos las energías del mundo físico, las tres últimas son los niveles superiores donde experimentamos las realidades espirituales, y la cuarta capa es un nivel intermedio que sirve de puente entre ambos niveles; el chakra corazón es el “transformador” de las energías en su paso de los planos superiores a los inferiores y viceversa.

En este artículo os hablaré con más detalle sobre los niveles inferiores y la cuarta capa; en el siguiente artículo (nivel aural II) os contaré más sobre los niveles superiores y la forma en que podemos cubrir las necesidades de cada capa del aura para mantenerla sana.

El Cuerpo Etérico

La primera capa, la más cercana al cuerpo físico, es el llamado Cuerpo Etérico. Este nivel es como un envoltorio energético que sirve de molde para el cuerpo físico, crea la materia corporal y la sustenta. La visión ampliada revela un resplandor de azul claro a grisáceo (dependiendo de la salud energética de la persona) de filamentos en constante movimiento, que se extienden desde el cuerpo físico hasta unos 1.25 – 5 cm más allá de éste.

En este nivel experimentamos el placer y el dolor que nos llegan desde los sentidos, pero también las sensaciones de vitalidad, sexo, sueño (o falta de éste) y actividad física. El cuerpo etérico atrae energías del exterior (del sol y de la tierra), las acumula y, a través de los chakras y del sistema de canales, las conduce al cuerpo físico en un flujo vital ininterrumpido. Ya que este nivel supone una protección energética natural para el cuerpo, cuando existe un bloqueo en él pasa rápidamente al nivel físico en forma de dolor, malestar o enfermedad.

El Cuerpo Emocional

La segunda capa es el Cuerpo Emocional. Este nivel se extiende desde el cuerpo físico hasta unos 2.5 – 7.5 cm de éste y está formado por nubes de sustancia fluida en constante movimiento; estas nubes son sentimientos y emociones que tenemos hacia nosotros mismos. Los sentimientos positivos se visualizan con colores vivos mientras que los negativos se ven como nubes de tonos más oscuros, sucios incluso si esos sentimientos son confusos.

Las emociones y sentimientos hacia nosotros mismos, tanto positivos como negativos, deben fluir y circular (lo que conseguimos reconociéndolos, aceptándolos y expresándolos) de lo contrario se interrumpe el flujo de energía, ésta se estanca y provoca problemas en las capas cercanas, es decir en el cuerpo etérico y en el cuerpo mental.

El Cuerpo Mental

Éste es pues el siguiente nivel, la tercera capa del aura o Cuerpo Mental. Se extiende desde el cuerpo físico hasta unos 7.5 – 60 cm en forma de luz brillante, se puede ver como finas líneas energéticas de un color amarillo limón. El cuerpo mental contiene, como su nombre indica, nuestra energía mental, los pensamientos, ideas y procesos mentales; las formas de pensamiento se pueden ver con percepción ampliada como manchas de brillo y contornos variables dependiendo del grado de claridad de la idea y de la calidad del pensamiento. Los pensamientos negativos ralentizan la vibración de esta capa y hacen que las líneas de energía se vuelvan oscuras y distorsionadas.

El Cuerpo Astral

La cuarta capa aural corresponde al llamado Cuerpo Astral. Esta capa está formada por los sentimientos que experimentamos hacia los demás, por lo que en ella se encuentra la energía de todas nuestras relaciones (no solo con otras personas sino también con animales y plantas, objetos, astros, etc). El cuerpo astral se extiende desde el cuerpo físico hasta unos 15 – 30 cm y se percibe como corrientes de líquido de diversos colores; cuando la energía es de baja frecuencia el “líquido” es denso y oscuro, cuando es de frecuencia elevada (sentimientos positivos) es fluido y de colores brillantes.

En este nivel vemos, con percepción ampliada, las corrientes energéticas que fluyen entre las personas cuando interactúan, así como los cordones aurales (de los que hablaremos con detalle en otro artículo) pero también bloqueos relacionados con criaturas que habitan en el plano astral, como entidades de distinto orden y parásitos energéticos.

 

En el siguiente artículo terminaremos de ver los detalles sobre los niveles superiores del aura y os pasaré unos consejos para satisfacer las necesidades de cada capa del aura.

 

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