Interacciones aurales (III). Los flujos bioplasmáticos

Interacciones aurales (III). Los flujos bioplasmáticos

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En el artículo anterior de la serie hablamos de una de las formas en que interactuamos en el cuarto nivel aural, que es la inducción de frecuencias; vimos cómo unos campos energéticos afectan a otros durante la interacción y cómo podemos proteger y reforzar nuestra aura de manera que no seamos tan fácilmente influenciables a nivel energético. En el presente artículo veremos otra de las formas en que compartimos energía durante las relaciones.

Los flujos bioplasmáticos

Otra de las formas en que interactuamos energéticamente es a través de los llamados “flujos de bioplasma”. Éstos son emanaciones energéticas que desprende nuestra aura y que la visión del campo astral percibe como corrientes fluidas de luz de diversos colores. Estos flujos pueden presentar diversas formas, colores e incluso texturas dependiendo del tipo de interacción que estemos experimentando, de los pensamientos y emociones implicados en la comunicación.

Cuando nos relacionamos con alguien que nos gusta y de forma positiva, estos flujos presentan colores brillantes y claros, mientras que cuando interactuamos con alguien que nos desagrada o bien evitamos intercambiar estos flujos o éstos se vuelven oscuros, irregulares y de aspecto punzante o similar a tentáculos, dependiendo del tipo de emoción que transmita el bioplasma. Con “interacción” no me refiero solamente a los casos en los que existe comunicación explícita, los intercambios aurales se producen también cuando una persona mira a otra incluso a una distancia considerable, aunque no se estén comunicando abiertamente, de hecho estas emanaciones energéticas pueden atravesar el espacio de muchos kilómetros y llegar a una persona en la que estemos pensando con intensidad… pero eso es tema para otro artículo 😉

Cuando interactuamos con alguien por quien sentimos amor, emitimos corrientes de energía rosada semejantes a olas que discurren de forma lenta y suave; si existe pasión, esos flujos rosados se mezclan con olas rápidas de un naranja brillante. Por otro lado, si las emociones son violentas se muestran en forma de lanzas o flechas de tonos oscuros, lanzadas desde el campo aural de la persona que las genera en flujos bruscos e irregulares; si incluyen odio, el bioplasma tomará una forma puntiaguda, penetrante y entrará en el campo de la otra persona de forma invasiva presentando un color rojo oscuro; en cambio si la emoción dominante es la envidia, el flujo se verá como unos tentáculos viscosos, pegajosos, de un oscuro verde grisáceo. Cuando una persona pretende manipular a otra, ya sea consciente o inconscientemente, emite flujos densos y viscosos como los tentáculos que vimos antes o bien ganchos con los que se engancha desesperadamente del campo de la otra persona.

Reacciones a las corrientes bioplasmáticas

El bioplasma que emana de nuestro campo aural reacciona a las interacciones básicamente de cuatro formas distintas: rechazo, atracción, interrupción o permiso. Esto significa que cuando un flujo llega a nosotros podemos rechazarlo, repelerlo, o por el contrario atraerlo aún más hacia nosotros, o bien interrumpimos la interacción para que el bioplasma no llegue a nuestro campo, o permitimos que éste entre en nuestra aura sin oponer resistencia.

Cuando interactuamos con alguien de forma positiva y los flujos de bioplasma son sanos, tendemos a atraerlos hacia nosotros ya que nos hacen sentir bien y el intercambio es beneficioso para ambos. Sin embargo cuando la corriente de energía es agresiva o invasiva, nuestra reacción cambia por completo y pasa a depender en gran medida de nuestro sistema de defensa energética (que vimos en el primer artículo de la serie). Cuando usamos una defensa pasiva tendemos a dejar que los flujos invadan nuestro campo, no nos sentimos suficientemente fuertes como para contrarrestarlos y permitimos que nos invadan; en cambio cuando nuestra defensa es preferentemente activa estamos más inclinados a rechazar, repeler o frenar las corrientes negativas que vienen hacia nosotros.

Para manejar mejor las corrientes no deseadas que nos llegan debemos trabajar nuestra defensa energética. Cada sistema de defensa está asociado a ciertas necesidades del campo energético, cubriendo esas necesidades aprendemos a manejar mejor la defensa y por tanto también la influencia de los flujos de bioplasma.

Quien emplea la defensa de la retirada o la llamada de puercoespín, necesita experimentar su esencia individualizada, su parte divina dentro del individuo diferenciado que es, y también rendirse a la experiencia física de ser humano, de estar en el cuerpo que eligió para esta encarnación. Tanto quien usa la defensa de succión oral como de la negación verbal, tiene como principal necesidad reconocer la fuente infinita de la que nutrirse y saber que es suficiente, que el propio ser es suficiente y que la vida es abundante. Aquellos que utilizan los ganchos y la sujeción mental en su defensa necesitan confiar en los demás, cometer errores y sentirse seguros a pesar de ello, entender y respetar la esencia interna y la voluntad de los demás. El que usa los tentáculos necesita liberarse para sentirse a sí mismo y expresarse, reclamar la esencia divina que hay dentro de sí mismo para no buscar fuera sino dentro. Por último, aquellos que emplean la demostración de fuerza y los que se contienen dentro de sus propios límites necesitan incorporarse plenamente a la experiencia vital, sentir su ser real y encontrar su propia autenticidad.

Impregnando los objetos

Estas interacciones muestran que todos estamos conectados, nos unimos y separamos constantemente a través de estos intercambios energéticos, y no solo lo hacemos con otras personas sino también con los animales, las plantas e incluso los objetos de nuestro entorno. Un objeto puede impregnarse con bioplasma nuestro de forma positiva o negativa, sin darnos cuenta lo estamos cargando con nuestra propia energía y la carga que le demos depende de los pensamientos y sentimientos que tengamos en ese momento. Es así como se cargan las piedras y cristales, pero de forma consciente y con intención; lo mismo podemos hacer con un objeto que queramos impregnar con cierta energía para usar con un determinado propósito.

A continuación os propongo un ejercicio con el que podéis cargar un objeto con una energía concreta para usarlo en las situaciones que necesitéis. En este ejemplo cargaremos el objeto con auto-apreciación, pero podéis cargarlo con cualquier otra energía adaptando el ejercicio a vuestras necesidades.

Elegimos un objeto, algo que coja en una mano y podamos llevar con nosotros fácilmente, preferentemente algo que nos guste mucho. Con el objeto en nuestra mano derecha, nos ponemos en estado de relajación (podemos usar cualquier técnica sencilla para ponernos a tono, puede ser simplemente centrarnos en la respiración, lo que nos sirva mejor). Cargamos el objeto con energía de auto-apreciación; lo hacemos utilizando una visualización en la que nos vemos siendo autónomos y autosuficientes, consiguiendo nuestros objetivos, nos sentimos valiosos y seguros, nadie puede convencernos de que somos menos o de que no valemos. Tratamos de experimentar la sensación, no solo visualizar, ya que el sentimiento es lo que realmente lanza esa energía enfocada por la intención. El objeto se impregnará con esta energía. Podemos llevarlo siempre con nosotros y, cuando sintamos que necesitamos ese poder, esa energía de auto-apreciación, cogemos el objeto y nos nutrimos de ese bioplasma que es nuestro y lleva toda esa carga positiva.

Cuanto más tiempo pase el objeto con vosotros más se cargará de vuestra esencia y mejor responderá a vuestra necesidad energética. De vez en cuando, si sentís que es necesario, podéis repetir el ejercicio y recargarlo (si queréis cargarlo con una energía distinta recordad limpiarlo antes y, una vez neutro, depositad en él la nueva intención). Podéis usarlo para todo lo que se os ocurra; llenarlo de valor para ayudaros a enfrentar una situación difícil, o de confianza, de positividad si normalmente tendéis a ver el vaso medio vacío, de independencia, capacidad comunicativa, empatía o ecuanimidad. Vosotros elegís.

 

En el siguiente artículo de la serie sobre interacciones aurales os hablaré de los cordones de luz, veremos qué son, cómo nos conectan con otras personas y cómo podemos determinar si un cordón está dañado o se encuentra sano.

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Interacciones aurales (II) Inducción de frecuencias

Interacciones aurales (II) Inducción de frecuencias

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En el artículo anterior introduje el concepto de interacciones aurales hablando sobre cómo energéticamente nos afectamos unos a otros a través del campo aural, de los flujos de bioplasma y de los cordones de luz; todo ello se puede percibir a través de la visión ampliada del nivel astral (cuarta capa del aura). Vimos cómo el sistema de defensa que usamos nos protege de las interacciones que identificamos (desde el miedo) como energéticamente peligrosas para nosotros y aprendimos a manejar estas interacciones tanto desde nuestro sistema de defensa como desde la posición opuesta. En el presente artículo veremos cómo nos afectamos mutuamente al nivel del campo aural o cómo se induce una frecuencia dominante de un campo a otro.

Inducción de frecuencias

Esta forma de interacción energética se basa fundamentalmente en dos aspectos: la fortaleza del campo aural y la velocidad de frecuencia vibratoria. Explico ambos conceptos. La fortaleza del campo será mayor cuanto más cargado energéticamente está ese campo; cuando llevamos bloqueos en el aura, tenemos fugas energéticas o enganches que hacen que nuestro nivel de energía disminuya, nuestro campo aural se presenta débil y vulnerable, mientras que si tenemos un aura sana y vibrante, atendemos a nuestras necesidades energéticas en cada capa y lo cargamos regularmente de energía positiva, nuestro campo presenta un estado fuerte y resistente a influencias externas.

Por otra parte, la velocidad de frecuencia vibratoria es el nivel de vibración de nuestro cuerpo energético; unos campos vibran más lentamente y otros más rápidamente, por decirlo de forma simplificada. Todo en realidad posee una determinada frecuencia vibratoria y el aura humana no es una excepción. La inducción de frecuencias consiste en que la persona que posee el campo más fuerte hace que la persona que tiene el campo más débil se adapte a su frecuencia vibratoria; si el fuerte posee una frecuencia alta (vibra más rápido) hará que el otro acelere su vibración, mientras que si tiene una frecuencia baja (vibra por tanto lentamente) hará que el otro ralentice su vibración.

Simpatía o antipatía instantáneas

¿A quién no le ha pasado que, sin apenas conocer a alguien, le cae muy bien o muy mal instantáneamente? En muchas ocasiones esto está relacionado con el campo de esa persona en comparación con el nuestro y con la forma en que ese campo nos influencia o se deja influenciar por nuestra energía. De la interacción de los campos depende en gran medida que el intercambio energético sea favorable o un completo desastre.

En nuestras interacciones tendemos a adaptar nuestra vibración según lo explicado anteriormente, cuando esto ocurre de forma armónica la relación se desarrolla con fluidez, los campos se mezclan hasta cierto punto y se complementan de forma agradable; esta interacción se registra como algo placentero, positivo y fructífero. Cuando nuestra aura toca la de una persona con una alta frecuencia vibratoria nos sentimos muy bien porque elevamos nuestra propia frecuencia, y cuando ésta influencia nuestro campo y nosotros el suyo, se da un intercambio energético en el que sentimos una verdadera comunión con esa alma, una comunicación positiva.

Por otro lado, cuanto mayor es la diferencia vibratoria entre ambos campos más difícil se vuelve la comunicación entre ambas personas. Así, cuando la diferencia vibratoria es excesiva y la adaptación no es posible o la influencia de un campo sobre otro es demasiado agresiva o forzada, se produce un choque de campos aurales y ambas personas encuentran prácticamente imposible comunicarse; esto puede registrarse incluso como repulsión, desagrado o miedo en una o ambas de las partes implicadas.

Protección y fortalecimiento del campo

No siempre nos encontramos en nuestro mejor momento en cuanto a energía se refiere, a veces las circunstancias de nuestro día a día debilitan nuestro campo y lo hacen mucho más influenciable al contacto con otros campos más cargados. Esto no significa que estemos indefensos ante este tipo de situaciones y que tengamos que dejarnos influenciar por cualquier campo más fuerte que el nuestro, podemos optar por proteger nuestra aura o por fortalecerla de manera que no estemos tan a merced de las frecuencias ajenas.

Tener conciencia de este fenómeno ya es importante y ayuda, pero a la hora de protegernos de una influencia no deseada en nuestras interacciones energéticas, podemos utilizar un método de barrera para impedir que el otro campo entre en el nuestro; visualizamos una pared entre la otra persona y nosotros, o nos imaginamos envueltos en una nube que nos protege, nos ponemos un escudo de luz o nos convertimos en un espejo, nos volvemos impermeables, impenetrables. Debemos tener en cuenta, no obstante, que si hacemos esto estaremos protegiendo nuestro campo, sí, pero también estaremos dificultando una verdadera conexión con esa persona y la comunicación real y eficaz será mucho más difícil.

Otra forma de evitar influencias no deseadas o la invasión constante es fortalecer nuestro propio campo, algo que siempre es recomendable al margen de la situación y de las interacciones a las que nos expongamos. A continuación os apunto varios métodos que podéis utilizar para cargar vuestro campo aural:

Exposición del campo a fenómenos atmosféricos

Unas auras se cargan mejor al exponerse al sol, otras bajo la lluvia o en la nieve, y otras en los momentos previos a las tormentas o durante ellas. Descubrid qué carga mejor vuestro campo y exponeos a ese fenómeno. Cuando nuestra aura se carga nos sentimos muy bien, recuperados, restaurados, más positivos y más llenos de energía; esa sensación nos ayudará a saber qué usar mejor para cargar nuestro campo. El viento es siempre muy buen limpiador del aura, es muy beneficioso exponernos a él de vez en cuando mientras visualizamos y sentimos cómo nos limpia de sustancias de baja frecuencia.

Utilización del agua

El agua es siempre un limpiador energético fantástico, pero el agua de mar es aún más beneficiosa para nuestro campo aural; si tenéis la posibilidad de ir a la playa en un día despejado, hacedlo, allí tendréis sol para cargar el campo, viento impregnado de agua de mar para limpiarlo y cargarlo también, y si os animáis a mojaros os podréis sumergir en un baño espectacularmente beneficioso para vuestra aura.

El regalo de la naturaleza

Disfrutar de un tiempo en medio de la naturaleza ayuda a cargar nuestro campo energético y fortalecerlo; unas auras se benefician más en los bosques, otras en la montaña, cerca de los ríos, en jardines o incluso desiertos… si pensamos en qué entorno natural nos sentimos más a gusto descubriremos cuál es el escenario más beneficioso para nuestra aura. Averiguadlo y pasad el tiempo que podáis en ese entorno, vuestra aura os lo agradecerá.

Uso de la meditación

También podemos utilizar la meditación para cargar nuestro campo. Por ejemplo, podemos visualizar cómo al respirar la energía del campo universal que nos rodea ésta entra en nuestro sistema y va cargando todas las capas del nuestra aura. Existen tantas visualizaciones como seáis capaces de imaginar, probad varias y elegid la que os resulta más restauradora.

La respiración misma es beneficiosa para el campo cuando se realiza adecuadamente y es algo que siempre tenemos a nuestro alcance, podemos utilizar una técnica sanadora de respiración para cargar el campo en cualquier momento y lugar. Podéis ver más sobre este tema en el siguiente artículo: Cómo utilizar la respiración para sanarnos.

 

En el siguiente artículo de la serie sobre interacciones aurales os hablaré de cómo nos conectamos a través de las corrientes energéticas en el campo aural, veremos cómo funcionan los llamados flujos de bioplasma y qué necesidades del campo necesitamos cubrir para manejar mejor su influencia.

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Interacciones aurales (I) El sistema de defensa

Interacciones aurales (I) El sistema de defensa

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En el cuarto nivel del campo aural, que es el nivel astral, es posible ver cómo nos relacionamos energéticamente con los demás; mientras que en el cuerpo emocional se encuentran los sentimientos y emociones que experimentamos hacia nosotros mismos, el cuerpo astral está formado por los sentimientos y emociones que experimentamos hacia los demás, por lo que en él se encuentra la energía de todas nuestras relaciones, y no solo con otras personas sino también con animales y plantas, la tierra, los astros e incluso los objetos cotidianos.

En este nivel vemos, con percepción ampliada, las distintas formas en que interactuamos con nuestros semejantes y con el entorno. Estas formas son fundamentalmente tres: la inducción de frecuencias, los flujos bioplasmáticos y los cordones de luz. Estas tres formas tienden a resultar confusas cuando se las contempla conjuntamente, por lo que dedicaré un artículo a cada una, en ellos veremos cómo se opera en cada uno de esos niveles de interacción de manera que podáis reconocer vuestro propio comportamiento energético y os contaré cómo podéis manejar cada tipo de intercambio energético en vuestras propias relaciones.

La forma en que nos relacionamos energéticamente guarda una estrecha relación con lo que se llama el sistema de defensa energética; mientras que las tres formas de interacción que mencioné anteriormente pueden darse de forma positiva o negativa, cuando se activa el sistema de defensa la interacción normalmente no es armónica ni saludable. En situación de estrés (para el cuerpo energético ese término puede abarcar muchos tipos distintos de situaciones y diferentes niveles, más de lo que mentalmente entendemos por “estrés”) nuestro cuerpo astral o cuarto nivel del aura reacciona según ese sistema de defensa, y esta reacción determina en gran medida nuestras interacciones aurales.

Ya que el sistema de defensa afecta de una u otra forma al resto de intercambios energéticos, dedicaremos este primer artículo de la serie a este tema, así que a continuación os lo explico con más detalle.

Sistemas de defensa

El sistema de defensa que usamos es pues nuestra reacción energética frente a una fuerza exterior que normalmente percibimos como amenaza en distintos niveles. Este sistema se desarrolla en los primeros años de vida según las interacciones que hemos experimentado principalmente con los padres. Existen formas activas y pasivas de defensa, las activas son ofensivas y las pasivas tienden a protegerse o permitir la “invasión”, pero en última instancia todos tienen el objetivo de defender nuestra energía a toda costa.

Una defensa punzante

Uno de los sistemas de defensa es el que llamamos (usando la terminología de Barbara Ann Brennan) “puercoespín”; cuando usamos esta defensa nuestra aura se vuelve espinosa, punzante, y a alguien con sensibilidad suficiente le puede parecer que esa aura realmente pincha. Podemos darnos cuenta de que alguien está usando esta defensa porque aparecen como personas susceptibles, “punzantes” que provocan en los demás distanciamiento.

La retirada

El sistema de “retirada” consiste en que una parte del aura de la persona abandona momentáneamente el cuerpo (en este caso durante segundos u horas, pero existe una variante en que esta ausencia puede durar días o incluso años); las personas que usan la retirada no gustan del contacto físico porque en realidad temen que los dañen, por lo que les cuesta conectar. Se los puede reconocer porque suelen poner los ojos en blanco.

Defensa de negación

La defensa de la “negativa verbal” es típica de personas con mucha energía en la zona de la cabeza y poca en la parte inferior del cuerpo, la visión ampliada revela una gran concentración de amarillo alrededor de la cabeza y bloqueos en la zona del cuello. Se les distingue por ser verbalmente muy activos.

Absorción de energía

Otro sistema de defensa es el llamado de “succión oral”, que consiste en absorber la energía de los demás; quienes usan esta defensa no pueden procesar bien la energía que existe a su alrededor y la toman de otras personas, por lo que la gente los evita ya que provocan cansancio en quienes se relacionan con ellos. Se les distingue por su agotadora verborrea, por revolotear constantemente entre las personas de su entorno y por mostrarse a menudo impotentes para conseguir que los demás cuiden de ellos (y así les entreguen energía).

Gancho y retención

Los “ganchos” son instrumentos energéticos que usan algunas personas en su sistema de defensa, lo lanzan por encima de su cabeza cuando se sienten amenazados y retienen a su interlocutor hasta conseguir que ceda; estos individuos luchan por demostrar que llevan la razón y en su contienda solo consiguen agresividad recíproca.

Tentáculos

Los “tentáculos” son usados como sistema de defensa para captar energía de los demás; la persona que usa este sistema permanece alejado del resto en actitud silenciosa, encerrado en sí mismo, hasta que los demás se acercan para ayudarle y es cuando lanza los tentáculos hacia el campo energético de quienes le hacen caso. Se les suele reconocer porque intentan hacer cómplices y, cuando hablan, efectúan largas pausas en sus discurso esperando a que alguien complete su frase.

Una defensa explosiva

El sistema de defensa “histérico” consiste en chocar contra las auras de las personas que están cerca por medio de rayos y explosiones energéticas. A las personas que usan esta defensa se les percibe en ese momento como furiosos, explosivos, caóticos, y provocan una estampida general ya que nadie desea estar cerca cuando explotan.

Los intocables

Otro sistema de defensa es el llamado “retención en los propios límites”, consiste en reforzar los propios límites aurales engrosándolos para que nadie pueda entrar en su aura, para mantenerse intocable. Este tipo de defensa se percibe como superioridad y provoca distancia en los demás, problemas para conectar.

Exhibición de fuerza

Por último se puede mencionar el sistema de “exhibición de fuerza”, según el cual la persona que lo usa explota hacia arriba y aclara su aura de manera que parece pujarse o aumentar de tamaño, consiguiendo una actitud de “aquí mando yo” que también provoca alejamiento y espanta a las personas cercanas.

Cómo manejar cada sistema de defensa

Cada tipo de defensa se asocia a cierto miedo ya que nos defendemos cuando nos sentimos atacados o en peligro y nos sentimos así cuando algo despierta nuestro temor. Por ello es importante tener presente que, cuando detectamos que una persona está usando un sistema de defensa que reconocemos, tengamos presente que no lo hace por causa nuestra sino para defenderse de lo que siente como una amenaza y nos preguntemos qué es lo que ha disparado el miedo de esa persona.

La defensa energética en otros

Para manejar sistemas de defensa como el del puercoespín y la retirada (en sus dos versiones), ambos basados en un miedo a sufrir daños, lo mejor es no acercarse mucho a ellos ni tocarles, sino ser cordial y hacerles ver que no les vamos a hacer daño, que están seguros hablando con nosotros. Elevar la frecuencia para interactuar con ellos es importante, ya que lo captarán y se sentirán más seguros, el puercoespín esconderá las púas y el de retirada se quedará en el cuerpo.

Las personas que usan la negativa verbal y la succión oral mantienen un patrón de carencia derivado de su miedo a no tener suficiente, esto les lleva a absorber energía cuando se sienten amenazados. Lo mejor es no colocarse directamente en frente de ellos para evitar que se conecten a nuestro chakra Plexo Solar para tomar energía, evitar el contacto visual directo y enviarles energía voluntariamente a través de nuestros palmochakras hacia su Plexo Solar.

Para aquellos que usan los ganchos como defensa todo es una batalla, están constantemente en lucha y no confían en nadie porque bajar la guardia implica ser traicionado. Para interactuar positivamente con ellos lo mejor es no discutir con ellos, evitar la confrontación y escucharles, que sientan que pueden confiar en nosotros, que no estamos ahí para luchar sino para colaborar. Esto también sirve para manejar la defensa histérica.

Por último, para tratar con personas que usan las defensas de retención dentro de los propios límites y la de exhibición de fuerza lo mejor es situarse cerca (no hay que tener miedo de que nos quiten energía ya que ellos mismos tienen demasiada y no lo harán) en una actitud de afectuosa aceptación. Su miedo se basa en la falta de autenticidad, por lo que podemos tratar de ver su esencia, su auténtico yo escondido cuando tratamos con ellos.

Manejar nuestro propio sistema de defensa

¿Y qué ocurre cuando nos damos cuenta de que esa persona que está usando los ganchos, o los tentáculos, o explotando o retirándose de su propio cuerpo somos nosotros mismos? Todos usamos una o más de las formas de defensa mencionadas, a veces incluso las combinamos, porque todos tenemos miedos que nos llevan a intentar protegernos.

La buena noticia es que no somos esclavos de nuestra reacción energética, no es algo que simplemente ocurra sin que podamos evitarlo. Aparte de trabajar sobre nuestros miedos, tenemos la capacidad de tomar conciencia de lo que estamos experimentando y manejarlo de la manera más provechosa para nosotros y para nuestra salud energética.

Si nos damos cuenta de que usamos las púas o nos escapamos del cuerpo, tengamos presente que estamos seguros, que nadie nos va a hacer daño. Nos vendrá bien concentrarnos en el momento presente y en estar en el cuerpo, presentes, sabiendo que existe una parte divina siempre dentro de nosotros que nos hace indestructibles.

Si usamos la negativa verbal o la succión oral, nos será especialmente útil enraizarnos, conectarnos con la energía de la tierra y saber que podemos abastecernos de esa energía, que no necesitamos extraerla de otras personas, pensar en términos de abundancia y tener en cuenta que tenemos y somos suficiente.

Si descubrimos que estamos usando el chancho para defendernos, debemos confiar y dejar de controlarlo todo, tener en cuenta que no todo tiene que ser una lucha constante y que no tenemos que demostrar nada.

Si detectamos que hemos estado usando los tentáculos nos vendrá bien recapacitar sobre nuestras capacidades, descubrir que podemos hacer las cosas solos, que podemos ser autosuficientes. Nos hará bien también tener en cuenta que no todo el mundo quiere controlarnos o invadirnos, que somos libres de vivir nuestra vida como más nos guste y que siempre podemos crear un espacio privado donde sentarnos con nosotros mismos y simplemente ser.

Si nuestra defensa consiste en retenernos dentro de nuestros propios límites o en exhibir un despliegue de fuerza, la mejor forma de lidiar con nuestro sistema de defensa energética es encontrar nuestra esencia, descubrir nuestra propia autenticidad, la que está debajo de la fachada que ofrecemos al mundo.

 

Vista la parte más “truculenta” de las interacciones energéticas, en el próximo artículo hablaremos de la inducción de frecuencias y de cómo el campo aural de unas personas es capaz de influir en el de otras, de qué depende esta influencia y cómo podemos fortalecer nuestro propio campo energético.

 

Nivel aural: las siete capas del aura (II)

Nivel aural: las siete capas del aura (II)

En la primera parte del artículo sobre los niveles aurales vimos en detalle las tres primeras capas del aura, los niveles inferiores asociados a los aspectos de la vida física, así como la cuarta capa del aura o cuerpo astral, que sirve como “puente” entre los niveles inferiores y los superiores. A continuación os cuento un poco más sobre los cuerpos de los niveles más elevados.

Niveles superiores del aura
El Patrón Etéreo

El quinto nivel es el del Patrón Etéreo. Éste se extiende desde el cuerpo físico hasta unos 45 – 60 cm y se visualiza como un espacio en negativo; contiene la plantilla de todo lo que existe a nivel de la capa etérica que a su vez es molde para lo físico, por lo que este nivel se ve como un fondo azul cobalto lleno de líneas traslúcidas o transparentes que dibujan las formas originales.

Es el nivel de la voluntad divina y por ello contiene también el modelo evolutivo y el plan universal; si esta capa está sana, estaremos alineados con la voluntad divina y por tanto con nuestro plan de vida, si no lo está, nos sentiremos fuera de lugar, como si no estuviéramos conectados con nuestro entorno y no encajáramos en el puzle global.

El Cuerpo Celestial

La sexta capa del aura es el llamado Cuerpo Celestial. Esta capa aural se visualiza con percepción ampliada desde el cuerpo físico hasta unos 60 – 83 cm como el brillo que rodea a una vela en tonos oro y plata mezclado con rayos de luz más fuertes de diversos colores en suaves tonos opalescentes. Esta luz posee una frecuencia muy alta ya que vibra en el nivel del amor divino. El cuerpo celestial contiene los sentimientos dentro del mundo del espíritu, los más elevados, y cuando se unen el sexto chakra (relacionado con este cuerpo) y el corazón, ambos abiertos, sentimos el verdadero amor incondicional.

La falta de alimento espiritual puede oscurecer el brillo del cuerpo celestial y dañarlo, pero también es perjudicial un exceso de fuerza en este nivel, es decir, utilizar la experiencia espiritual para evadirnos de la realidad física. Hay que recordar que el mundo físico existe dentro del espiritual, no fuera de él, y que la salud está en el medio, no en los extremos.

El Patrón Cetérico

Finalmente tenemos la séptima capa del aura o Patrón Cetérico, también conocido como Cuerpo Causal. Esta capa se extiende aproximadamente unos 75 – 105 cm desde el cuerpo físico y engloba a todas las demás, manteniendo toda el aura cohesionada y protegida; el cuerpo causal es como una rejilla de finos hilos energéticos de color oro-plata con un borde exterior más grueso que protege tanto de fugas energéticas como de influencias exteriores.

Éste es el nivel mental del plano espiritual, por lo que a través de este cuerpo comprendemos el gran modelo de la vida que procede de la mente divina y conocemos nuestra perfección dentro de nuestras imperfecciones. La falta de salud en el Patrón Cetérico hace que las líneas de energía que tejen la red o el “huevo aural” se vean tenues, debilitadas, e incluso se resquebrajen en algunas partes, lo que ocasiona fugas de energía entre otros problemas.

La salud del nivel aural

Para mantener la salud del campo es necesario cuidar de todos los niveles aurales y nutrirlos de distinta forma, pues todos ellos están interrelacionados y todos son parte de nosotros. Una vida sana y plena en todos los sentidos pasa por limpiar, cargar y equilibrar los siete niveles aurales, lo que equivale a tomar responsabilidad por todas las áreas de experiencia en nuestra vida.

Si uno de los cuerpos es débil o presenta problemas de cualquier tipo, esto dificultará que tengamos una experiencia plena en esa área, o se proyectará como obstáculos e inconvenientes en el campo al que corresponda. Por ello una revisión y limpieza del campo aural siempre es conveniente, pero somos nosotros mismos los que debemos trabajar para mantenerlo sano atendiendo a las necesidades de cada nivel.

Necesidades del aura

El Cuerpo Etérico responde a las necesidades puramente físicas, la necesidad prioritaria de este nivel es la de sentirse a gusto, el disfrute de los sentidos carga este cuerpo. Para sanar y nutrir el Cuerpo Emocional necesitamos aceptarnos y querernos a nosotros mismos, por lo que puede ser útil hacer una lista de las formas en que nos rechazamos y sustituirlas por sentimientos positivos. En el tercer nivel o Cuerpo Mental la necesidad básica consiste en entender nuestra situación de forma clara y racional, pero también lo sanamos encontrando y eliminando los juicios negativos sobre nosotros mismos. El cuarto nivel es el de las relaciones con los otros, por lo que interaccionar de forma positiva con amigos y familiares es la mejor forma de cubrir las necesidades del Cuerpo Astral.

Al pasar a las capas superiores, las necesidades se vuelven lógicamente más trascendentales. El Patrón Etéreo se carga alineándonos con la verdad y expresándola; la palabra posee un gran poder y en ella reside la energía creativa, podemos usarla para sanar este nivel. Al sexto nivel o Cuerpo Celestial se accede expresando la verdad de las necesidades y satisfaciéndolas, así se carga automáticamente este cuerpo, y por último el Cuerpo Causal se sana encontrando el objetivo del alma y comprendiendo el modelo perfecto universal, dándonos cuenta de que todo es perfecto aún con sus imperfecciones.

Atender a las necesidades de cada capa del aura es tanto o más importante que satisfacer las necesidades del cuerpo físico, a esto último estamos acostumbrados y nos parece lógico y necesario, pero mantener la salud del campo aural no solo determinará el bienestar de una parte de nosotros sino de todas y cada una de las áreas de nuestra vida.

Nivel aural: las siete capas del aura (I)

Nivel aural: las siete capas del aura (I)

En los dos artículos anteriores os he hablado de los dos niveles más profundos en que existe el ser humano: el de la Estrella núcleo, que es la chispa divina, la esencia de lo que verdaderamente somos, y el de la Línea del Hara, que como os contaba contiene nuestro propósito en la vida y nos mantiene conectados con la divinidad y el Yo Superior así como con el núcleo terrestre y su energía.

En este artículo sobre los niveles del ser (que publicaré en dos partes) os hablaré del nivel que se encuentra entre lo físico y los dos anteriormente mencionados: el nivel aural.

El aura es una estructura que existe en un nivel más profundo que el físico y que sustenta a éste, esto significa que todo lo que existe en el mundo físico ha sido antes creado en el nivel aural. Así como el nivel del Hara contiene la misión vital y la intención, y la Estrella del núcleo contiene nuestra esencia, el aura contiene las energías de nuestra personalidad; todo cuanto notamos, sentimos, pensamos, cómo nos comportamos, nuestros patrones y forma de relacionarnos… todo está contenido en el nivel aural, y cada aspecto ocupa una región concreta del aura según su vibración. Veamos  en detalle cuáles son esas regiones.

Composición del aura

El aura está compuesta por siete capas, cada una de las cuales posee una frecuencia vibratoria distinta y por tanto se dedica a un tipo diferente de experiencia vital. Cada capa se asocia a uno de los siete chakras principales; todos estos centros se encuentran en todos los niveles del aura pero cada capa tiene una conexión especial con uno de los chakras ya que su frecuencia vibratoria es la misma.

De estas siete capas, las tres primeras son los niveles inferiores donde procesamos las energías del mundo físico, las tres últimas son los niveles superiores donde experimentamos las realidades espirituales, y la cuarta capa es un nivel intermedio que sirve de puente entre ambos niveles; el chakra corazón es el “transformador” de las energías en su paso de los planos superiores a los inferiores y viceversa.

En este artículo os hablaré con más detalle sobre los niveles inferiores y la cuarta capa; en el siguiente artículo (nivel aural II) os contaré más sobre los niveles superiores y la forma en que podemos cubrir las necesidades de cada capa del aura para mantenerla sana.

El Cuerpo Etérico

La primera capa, la más cercana al cuerpo físico, es el llamado Cuerpo Etérico. Este nivel es como un envoltorio energético que sirve de molde para el cuerpo físico, crea la materia corporal y la sustenta. La visión ampliada revela un resplandor de azul claro a grisáceo (dependiendo de la salud energética de la persona) de filamentos en constante movimiento, que se extienden desde el cuerpo físico hasta unos 1.25 – 5 cm más allá de éste.

En este nivel experimentamos el placer y el dolor que nos llegan desde los sentidos, pero también las sensaciones de vitalidad, sexo, sueño (o falta de éste) y actividad física. El cuerpo etérico atrae energías del exterior (del sol y de la tierra), las acumula y, a través de los chakras y del sistema de canales, las conduce al cuerpo físico en un flujo vital ininterrumpido. Ya que este nivel supone una protección energética natural para el cuerpo, cuando existe un bloqueo en él pasa rápidamente al nivel físico en forma de dolor, malestar o enfermedad.

El Cuerpo Emocional

La segunda capa es el Cuerpo Emocional. Este nivel se extiende desde el cuerpo físico hasta unos 2.5 – 7.5 cm de éste y está formado por nubes de sustancia fluida en constante movimiento; estas nubes son sentimientos y emociones que tenemos hacia nosotros mismos. Los sentimientos positivos se visualizan con colores vivos mientras que los negativos se ven como nubes de tonos más oscuros, sucios incluso si esos sentimientos son confusos.

Las emociones y sentimientos hacia nosotros mismos, tanto positivos como negativos, deben fluir y circular (lo que conseguimos reconociéndolos, aceptándolos y expresándolos) de lo contrario se interrumpe el flujo de energía, ésta se estanca y provoca problemas en las capas cercanas, es decir en el cuerpo etérico y en el cuerpo mental.

El Cuerpo Mental

Éste es pues el siguiente nivel, la tercera capa del aura o Cuerpo Mental. Se extiende desde el cuerpo físico hasta unos 7.5 – 60 cm en forma de luz brillante, se puede ver como finas líneas energéticas de un color amarillo limón. El cuerpo mental contiene, como su nombre indica, nuestra energía mental, los pensamientos, ideas y procesos mentales; las formas de pensamiento se pueden ver con percepción ampliada como manchas de brillo y contornos variables dependiendo del grado de claridad de la idea y de la calidad del pensamiento. Los pensamientos negativos ralentizan la vibración de esta capa y hacen que las líneas de energía se vuelvan oscuras y distorsionadas.

El Cuerpo Astral

La cuarta capa aural corresponde al llamado Cuerpo Astral. Esta capa está formada por los sentimientos que experimentamos hacia los demás, por lo que en ella se encuentra la energía de todas nuestras relaciones (no solo con otras personas sino también con animales y plantas, objetos, astros, etc). El cuerpo astral se extiende desde el cuerpo físico hasta unos 15 – 30 cm y se percibe como corrientes de líquido de diversos colores; cuando la energía es de baja frecuencia el “líquido” es denso y oscuro, cuando es de frecuencia elevada (sentimientos positivos) es fluido y de colores brillantes.

En este nivel vemos, con percepción ampliada, las corrientes energéticas que fluyen entre las personas cuando interactúan, así como los cordones aurales (de los que hablaremos con detalle en otro artículo) pero también bloqueos relacionados con criaturas que habitan en el plano astral, como entidades de distinto orden y parásitos energéticos.

 

En el siguiente artículo terminaremos de ver los detalles sobre los niveles superiores del aura y os pasaré unos consejos para satisfacer las necesidades de cada capa del aura.

 

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Conexión compasiva: ¿ayuda o perjuicio?

Conexión compasiva: ¿ayuda o perjuicio?

A lo largo del tiempo que llevo canalizando los Registros Akáshicos de las personas que acuden a Merkaba para sanar sus bloqueos energéticos, he encontrado que en numerosas ocasiones se detecta un tipo de bloqueo que llamamos “conexión compasiva”. Este tipo de conexión es más habitual de lo que pudiéramos pensar y mucha gente la experimenta sin siquiera saberlo, por lo que me he decidido a subir un pequeño artículo explicando de qué se trata y cómo podemos evitarla.

Esta conexión se crea cuando un alma, consciente o inconscientemente, ofrece sus recursos energéticos a otra para asistirla de alguna forma, ayudarla en su crecimiento y su evolución personal, o bien facilitarle una tarea vital que consideramos excesiva para el alma que asistimos. Así, con la buena intención en el ánimo, permitimos que otra persona (normalmente un ser querido) se conecte a nuestro sistema energético y “beba” de él o bien le enviamos un flujo de energía con el fin de proporcionarle ayuda energética.

Lo que en principio puede parecer un acto altruista y generoso es en realidad nocivo tanto para el que da como para el que recibe, ya que por un lado el dador pierde parte de su propia energía y acaba drenado, y por otra parte el que recibe pierde la oportunidad de conseguir por sí mismo el sustento energético. No es que no podamos enviar energía positiva y curativa a otras personas, está en nuestra naturaleza el deseo de ayudar a nuestros seres queridos, pero la forma en que se entrega puede ser más o menos nociva, y también más o menos efectiva. La energía vital que necesitamos está disponible para todos, podemos obtenerla de distintas formas pero debemos hacerlo por nuestros propios medios si queremos evolucionar y aspiramos a ser energéticamente independientes en lugar de esperar a que otros nos sustenten.

Sin embargo, si realmente deseamos compartir energía con las personas a las que queremos ayudar sí que hay formas de hacerlo sin drenar nuestro propio sistema energético. A continuación os cuento cómo podéis hacerlo de una forma sencilla y efectiva.

A la hora de asistir energéticamente a alguien es recomendable no usar la propia energía sino hacerlo absorbiéndola del núcleo de la tierra; esto podemos hacerlo a través de los chakras secundarios de las plantas de los pies, que están hechos precisamente para ello, para obtener energía vital del centro terrestre. Este ejercicio comienza pues afianzándonos bien en el suelo, preferentemente estando en pie, nos concentramos en las plantas de los pies, sentimos la conexión con la superficie sobre la que nos encontramos y visualizamos un pequeño remolino de color pardo girando en cada una de nuestras plantas, en el sentido de las agujas del reloj; esos conos energéticos son los que absorverán la energía.

Luego visualizamos la energía vital bullendo en el núcleo de la Tierra, es puro sustento para la vida y el planeta nos lo ofrece para que lo usemos siempre que lo necesitemos. Observamos cómo esa energía sube lentamente hacia la superficie, llamada por nuestros chakras plantares, y penetra a través de ellos entrando en nuestro cuerpo energético. Con nuestra intención la conducimos hacia arriba subiéndola por las piernas hasta nuestros chakras principales.

La vamos a ir transportando chakra a chakra comenzando por el centro energético base o chakra raíz; visualizamos cómo la energía del núcleo energetiza ese centro y continua subiendo hasta el centro sacro, lo carga y sigue ascendiendo, llena ahora el chakra plexo solar de energía vital y continúa su ascenso hasta el centro del corazón, el chakra cardiaco. Una vez allí, transportamos la energía a lo largo de ambos brazos llevándola hasta los palmochakras, los centros secundarios de las palmas de las manos. Desde ellos podemos transmitir la energía hacia la persona que deseemos. Podemos complementar la transferencia utilizando una visualización de nuestro ser querido recibiendo la energía, también a través de sus palmochakras, y extendiéndola por todo su sistema energético.

Hay quien me pregunta por el color de esa energía, si es conveniente visualizarla de un color concreto que resulte más sanador. Os puedo decir que los colores verde, violeta, dorado y plateado poseen una vibración altamente curativa, pero al final vuestra propia intuición os dirá qué color es más conveniente usar en cada momento y para cada propósito, visualizad lo que os parezca más cómodo y lo que vuestro corazón os diga que es apropiado para vosotros y para la persona a la que queréis ayudar.

Cuando consideremos que hemos traspasado sufienciente energía, podemos interrumpir el flujo y bien devolver la energía restante a la tierra o bien extenderla por nuestro propio sistema para sanarnos a nosotros mismos. Finalmente, no olvidemos dar las gracias a la madre Tierra por ofrecernos su energía vital 😉

Nivel del Hara: alinearse con la misión vital

Nivel del Hara: alinearse con la misión vital

En el artículo anterior os hablé de la Estrella Núcleo, la chispa divina que todos tenemos dentro de nosotros, esa parte más allá del tiempo, del espacio y de la encarnación, lo que somos realmente. Me han preguntado mucho sobre la Línea del Hara que mencionaba en ese artículo, que es entre otras cosas la “puerta” por la que la Estrella Núcleo emerge para después pasar a los niveles áuricos y finalmente al nivel físico, así que a continuación me extenderé algo más sobre este aspecto para que, conociendo un poco mejor esa “puerta”, os sea más fácil utilizar la fuerza sanadora de la estrella.

Qué es el nivel del Hara

El nivel del Hara es uno de los cuatro niveles en los que existe el ser humano. Estos niveles son el físico, que es el más superficial y denso, el aural o del campo energético, más profundo que el anterior y donde todo se crea antes de existir en el plano físico, el nivel del Hara, aún más profundo y del que hablaremos más a continuación, y por debajo de éste el nivel de la Estrella Núcleo (del que os hablaba en el artículo anterior).

El nivel del Hara guarda relación con nuestra misión en la vida y el objetivo espiritual con que encarnamos; aquí se almacenan nuestras intenciones, por lo que un cambio significativo en nuestra intención provocará un cambio en este nivel y por tanto impactará el proceso creativo que nos permite cumplir nuestra misión vital . Pero hablemos antes de dónde están exactamente contenidas esas intenciones y de por qué conocer más a fondo y mantener sano este nivel es importante. Para ello empezaremos viendo las partes que lo componen.

Qué forma la Línea del Hara

Como su nombre indica, la Línea del Hara es una línea o cordón energético que con percepción ampliada se visualiza como un hilo dorado de algo menos de un centímetro de grosor y une tres puntos de nuestro sistema, además de conectarnos con el núcleo de la Tierra.

El primer punto está a aproximadamente un metro por encima de nuestra cabeza, presenta el aspecto de un pequeño cono con la base hacia abajo y el vórtice hacia arriba, y se conoce como Punto de Individualización porque representa nuestra primera individualización con respecto a la Fuente, la primera vez que nos separamos del origen (aunque sigamos formando parte de él) para convertirnos en una individualidad.

El segundo punto se encuentra un poco por encima de donde estaría el chakra corazón en el nivel aural, a unos 6,5 centímetros por debajo de la garganta, se le llama Sede del Alma o Corazón Superior y se percibe como una luz esférica azul-morada. Aquí están contenidos nuestros anhelos, los que nos conducen a través de la vida para cumplir con nuestra misión vital y también nos aporta la pasión para realizarla.

El tercer punto es el Tantien Inferior; situado a unos 2,5 – 4 centímetros por debajo del ombligo, presenta el aspecto de una bola de luz dorada de unos seis centímetros de diámetro recubierta por una membrana. Aquí almacenamos la energía vital pero también contiene nuestra voluntad de vivir en el cuerpo físico.

El cuarto punto de conexión de la Línea del Hara es en realidad el núcleo de la Tierra, que nos provee de energía vital cuando nos enraizamos. Cuando utilizamos esa energía con fines curativos, al llegar al Tantien éste se vuelve de un color rojo y genera calor en el cuerpo del sanador.

Conexiones sanas en la Línea del Hara

Es importante mantener la Línea del Hara sana, alineada y conectada a sus puntos principales, pues nos sentiremos alineados con nuestra misión vital y enfocados hacia nuestros objetivos más altos, las piezas del puzle de nuestra vida encajarán y todo estará sincronizado con el propósito universal, con el plan que diseñamos antes de encarnar, además de que estaremos más sanos en todos los sentidos.

Cuando esta línea no está bien conectada al punto de individualización nos sentimos desconectados de la Fuente de la que procedemos, no sentimos que exista algo más grande que nosotros y nuestra espiritualidad se resiente. Si la sede del alma está desplazada o no está bien conectada al cordón dorado, no entendemos bien nuestros anhelos y éstos no nos pueden guiar por la vida para llevarnos a realizar nuestra misión vital, lo que deriva en un sentimiento de falta de propósito en la vida. Si es el Tantien inferior el punto descentrado o que no está bien conectado o que se encuentra incluso dañado, no somos capaces de acceder a la energía vital que se acumula en este centro, por lo que nos sentiremos agotados y faltos no solo de vitalidad sino de la alegría de vivir en el mundo físico.

Además de estas conexiones, es muy importante que la línea del Hara esté bien enraizada en el núcleo del planeta, pues así podremos sincronizar nuestra vibración con la del campo magnético de la Tierra y extraer la energía vital para recargarnos. El enraizamiento nos permite además mantener centrado y sano el cordón, con lo que podremos atraer hacia este nivel la Estrella núcleo más fácilmente y trabajar con ella en nuestra propia sanación.

Ejercicio para enraizar la Línea del Hara

Enderezar la línea del Hara, sanarla cuando está dañada o centrar y reconectar los puntos que la forman, es una tarea avanzada que debe dejarse en manos de un sanador. Sin embargo existen ejercicios que podemos practicar por nosotros mismos para conectarnos al núcleo terrestre y extraer energía sanadora para recargar la línea. En breve subiré una meditación guiada para enraizarnos a través del cordón dorado, pero mientras tanto os dejo un ejercicio de visualización que os puede servir para ello.

Visualiza una bola dorada de energía en la zona del vientre, a unos 3 cm por debajo del ombligo; es el Tantien inferior, el lugar donde almacenas energía vital. Desde aquí un hilo dorado baja en línea recta hasta el núcleo de la Tierra, se adentra en él y se ancla suavemente. Yo suelo imaginar que la línea se divide como formando unas raíces y éstas se entierran en el núcleo, pero puedes hacerlo como te resulte más natural.

Luego visualiza una luz esférica de un color morado-azulado en el pecho, a unos 6 centímetros por debajo de la hendidura de la garganta. Aquí se encuentran tus anhelos y tu conexión con la misión vital, siente cómo brilla cada vez con mayor claridad, más nítida, y cómo se expande. Une el Tantien inferior con esta estrella a través del mismo hilo dorado con que estás enraizado al núcleo.

Ahora visualiza un pequeño cono con el vórtice hacia arriba a un metro por encima de tu cabeza, es como un pequeño remolino y representa tu individualización. Lleva la Línea del Hara desde la estrella del pecho hasta este remolino y conecta el hilo dorado con este punto.

La línea del Hara ya está conectada en todos sus puntos, visualízala perfectamente recta y centrada, luego siente cómo la luz sanadora del núcleo de la Tierra asciende por ella, llena el Tantien inferior, continúa hacia arriba, energiza la sede del alma, llega hasta el punto de individualización y así llena de luz y de energía sanadora todo el nivel del Hara.

Estrella núcleo: la chispa divina

Estrella núcleo: la chispa divina

Todos hemos oído hablar de que existe una chispa divina, un fragmento de la Fuente de todo lo creado, dentro de nosotros, al igual que existe en todo lo que es, todo lo que ha brotado de esa fuente. Pero ¿dónde se encuentra esa parte divina?, ¿es posible localizarla y, aún más importante, conectar con ella?

En su libro Hágase la luz, Barbara Ann Brennan nos habla de la Estrella Núcleo como la fuente interna de lo divino, la parte divina que hay en nosotros. En sus propias palabras esta luz es “una firma de la esencia eterna de cada persona”. Existe fuera del tiempo, del espacio, la encarnación física e incluso del alma. Es el dios único e individual dentro de cada uno de nosotros.

La ruta de acceso

La esencia de lo que somos es ubicua, está en todas partes dentro y fuera de nuestro cuerpo, pero la concentración de esa chispa divina está en un punto localizado y se puede encontrar en nuestro centro, a unos 2,5 – 4 cm por encima del ombligo.

Para acceder a este núcleo, sin embargo, hay que recorrer un camino que nos conduce a la puerta de entrada, situada en el centro de la línea del Hara. Pero vayamos por partes y conozcamos un poco las fases de este recorrido.

Existen (según la nomenclatura que usa B.A. Brenan) cuatro estratos energéticos o niveles de realidad en que existe el ser humano: el cuerpo físico, el campo áurico, la línea del Hara y la Estrella núcleo.

El cuerpo físico, como todos sabemos, es la parte orgánica más densa. Aquí se puede incluir también la matriz etérea, una especie de copia energética de todas y cada una de nuestras partes físicas (órganos, tejidos, huesos…), es como una capa protectora intracorporal.

El campo áurico o nivel aural consta de siete capas sobre las que no vamos a entrar en detalle en este artículo; para simplificar hablaremos del “aura” de forma general, sin especificar las partes del campo, pero si queréis saber más sobre ello podéis leer el artículo “Nivel aural: las siete capas del aura” en este mismo blog y además existe una gran cantidad de literatura al respecto donde podéis investigar.

La dimensión del Hara incluye una línea que une un punto sobre la cabeza (situado aproximadamente a 1m por encima de ésta) con el núcleo de la Tierra, pasando por dos puntos dentro de nosotros a un nivel más profundo que el aura: la sede del alma y el tantien inferior (tenéis información más detallada en el siguiente artículo de esta serie sobre los niveles del ser: Nivel del Hara: alinearse con la misión vital).

Esta línea es la que nos mantiene centrados, nos conecta con el centro de la Tierra y con la energía del Universo, pero también abre una puerta de acceso a la Estrella del núcleo.

Acceder al núcleo

La Estrella núcleo, partícula primordial, esencia o chispa divina, como se lo quiera llamar, es la parte esencial de lo que realmente somos, por lo que nos afecta a todos los niveles. Cuando no estamos conectados a ella o existe alguna obstrucción nos sentimos mal y enfermamos, en cambio cuando la luz de la estrella brilla y accedemos a ella, sentimos la felicidad y la curación que provoca estar conectados a nuestro centro, a nuestra esencia.

Para acceder al núcleo habría que seguir los siguientes pasos:

  1. Mantener el cuerpo físico sano y eliminar los bloqueos en la matriz etérea. Una limpieza energética de vez en cuando no nos viene mal además de una alimentación sana y un estilo de vida saludable.
  2. Realizar una limpieza del campo áurico, es decir, sanar las capas emocionales y mentales tratando nuestros miedos, emociones estancadas, pensamientos negativos, patrones nocivos de conducta, etc.
  3. Desbloquear la línea del Hara de posibles obstáculos energéticos que pueda contener.
  4. Entrar en la línea del Hara y atraer la esencia hacia este nivel, asentarla en su centro y llevarla al nivel aural para más tarde pasarla al físico.
Conectar con la esencia

Una vez hemos accedido al núcleo, hemos visto entonces que podemos “traer” la energía de la esencia a la dimensión física para trabajar con ella. La estrella se situaría entonces en su lugar a unos 3 cm por encima del ombligo y desde allí esparciría su luz por todo el campo áurico sanándolo y energizándolo, así como después por el cuerpo físico, pudiendo llegar incluso al ADN y realizar una curación a nivel profundo.

Es posible conectar con la Estrella núcleo a través de la meditación; ya solo el hecho de conectarnos con nuestra esencia es beneficioso, pero se puede usar también de forma curativa, para realizar desprogramaciones y avanzar en nuestro desarrollo personal, ayudar a descalcificar la glándula pineal o a sanar una parte concreta de nuestro cuerpo. La energía de nuestra esencia es tan fuerte, tan potente, que puede incluso desconectarnos de la red de control mental a la que estamos conectados, pero eso es motivo para otro artículo 😉

A continuación os dejo un ejercicio de conexión basado en el método de B.A. Brennan. Si preferís empezar con una meditación guiada para no tener que recordar el procedimiento, en este vínculo podéis descargar o simplemente escuchar una que Merkaba ha preparado para vosotros: Meditación para trabajar con la chispa divina.

Ejercicio de conexión con la esencia

Habiendo previamente relajado el cuerpo y la mente, sintoniza con el nivel del Hara, lleva la conciencia a esa línea energética que va del punto situado por encima de la cabeza al núcleo de la Tierra recorriendo todo el cuerpo y pasando por la sede del alma, un punto por encima del chakra corazón, y el tantien inferior, situado por debajo del ombligo. Enfoca la conciencia en este punto de la línea del Hara, desde aquí se accede al núcleo.

Desde su centro de reposo, lleva la Estrella núcleo a la dimensión física y asiéntala en tu centro, por encima del ombligo. Dirige la conciencia hacia allí y trata de sentir la luz, el calor, la energía de la esencia asentada ahora en tu centro. Recuerda que el ser no “hace”, solo “es”, por lo que en este punto se trata de estar y de ser, no de hacer, pensar, querer o actuar, solo SER, nada más.

Luego haz que la luz del núcleo se dilate y se expanda hasta llenar toda la línea del Hara, y después todo el campo áurico. De ahí extiéndela por el cuerpo físico para que lo inunde con su luz, deja que toque cada órgano, cada tejido y cada célula, que llegue hasta el ADN y te cure e ilumine hasta el nivel más profundo.

Este ejercicio se puede realizar cuantas veces quieras, cuanto más regular seas en su práctica más fácil te resultará conectar con la Estrella núcleo y trabajar al nivel de la esencia.

 

Chakras. Descubre cómo sanarlos para mejorar tu vida

Chakras. Descubre cómo sanarlos para mejorar tu vida

A nivel energético los seres humanos poseemos un sistema complejo que se encarga de hacer que la energía fluya adecuadamente, que absorbamos, procesemos y generemos energía vital. Este sistema que no percibimos con los sentidos físicos pero que es tan real como el que sí vemos, es un sistema complejo que funciona a distintos niveles y en diferentes planos de realidad.

Partiendo de la base de que toda dolencia, enfermedad o problema físico y todo bloqueo vital proviene del ámbito de la energía, a todos nos conviene conocer lo mejor posible nuestro sistema energético para entender mejor dónde se encuentran nuestros bloqueos, cómo nos afectan y cuál es la mejor forma de tratarlos y resolverlos.

Con el propósito de ayudarte a conocer este sistema energético así como a cuidarlo y mantenerlo en óptimas condiciones, he creado Chakras. Descubre cómo sanarlos para mejorar tu vida, una guía explicativa sobre las distintas partes de éste que se centra especialmente en los chakras y te ofrece no solo información sobre ellos a todos los niveles sino también una forma de detectar el estado en el que se encuentran para que puedas realizar un auto-diagnósitico y finalmente ejercicios de distinto tipo que puedes usar para mantenerlos sanos.

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